CIUDAD DE MÉXICO.- Aunque la inteligencia artificial (IA) ha logrado automatizar diversas actividades que anteriormente dependían de la intervención humana, existen profesiones en las que la experiencia, el criterio técnico y la responsabilidad de las personas continúan siendo indispensables, como ocurre con los pilotos profesionales de drones.
Actualmente, las nuevas tecnologías permiten programar rutas, realizar despegues y aterrizajes automáticos, así como ejecutar distintas etapas de un vuelo sin intervención constante del operador. Sin embargo, estas capacidades no eliminan la necesidad de contar con personal capacitado para supervisar las operaciones y responder ante situaciones imprevistas.
De acuerdo con Drone Academy, empresa especializada en capacitación para el uso profesional de aeronaves no tripuladas, la automatización representa una herramienta para mejorar las operaciones, pero no sustituye las decisiones que deben tomarse antes, durante y después de cada misión.
Fernando Lina, director general de Drone Academy, explicó que existen responsabilidades que todavía requieren la participación directa de un piloto, especialmente cuando se trata de verificar las condiciones del equipo y evaluar los riesgos del entorno.
“La automatización puede encargarse de buena parte de la ejecución, pero antes de cada vuelo hay decisiones que dependen de una persona: revisar el equipo, evaluar el sitio y confirmar que las condiciones son adecuadas para operar”, señaló.
La regulación mexicana también contempla obligaciones específicas para quienes operan drones, independientemente del nivel de automatización de los dispositivos.
La Norma Oficial Mexicana NOM-107-SCT3-2019 establece que, durante las operaciones realizadas dentro de la línea de vista, el piloto debe conocer la ubicación, altitud, dirección y posición de la aeronave, además de identificar otros tráficos aéreos y posibles peligros.
Asimismo, debe determinar que las condiciones de operación no representen riesgos para las personas, las instalaciones o los bienes materiales.
Según la empresa, una ruta previamente programada no necesariamente puede anticipar todas las circunstancias que podrían presentarse durante un vuelo, como cambios inesperados en el entorno o situaciones que requieran modificar la operación.
Por ello, los pilotos profesionales deben revisar físicamente las condiciones de la aeronave antes del despegue, evaluar el lugar donde se realizará la misión y supervisar constantemente su desarrollo.
También necesitan contar con conocimientos suficientes para interpretar las disposiciones legales aplicables y tomar decisiones cuando surjan imprevistos que no fueron considerados durante la programación.
Otra responsabilidad fundamental consiste en garantizar que las operaciones se desarrollen de manera segura y conforme a la normativa vigente.
En este contexto, Drone Academy considera que la incorporación de inteligencia artificial no implica necesariamente la desaparición de los pilotos profesionales, sino una transformación de las habilidades y conocimientos que deberán desarrollar.
“La tecnología está ampliando las capacidades del piloto, y por eso la preparación también tiene que evolucionar. El profesional que sepa combinar automatización, conocimiento técnico y criterio operativo tendrá herramientas para asumir operaciones cada vez más sofisticadas”, afirmó Lina.
La empresa sostiene que la formación especializada será fundamental para aprovechar las ventajas de la automatización sin dejar de lado la supervisión humana.
Drone Academy, que cuenta con oficinas en Guadalajara y Ciudad de México, informó que desde 2015 ha desarrollado programas de capacitación para organizaciones como CEMEX, Tecnológico de Monterrey, Bayer y Cruz Roja.
La compañía plantea que el avance de la inteligencia artificial en la industria de drones representa una oportunidad para modernizar las operaciones, siempre que las nuevas herramientas tecnológicas se complementen con preparación profesional y responsabilidad operativa.
De esta manera, aunque los sistemas automatizados pueden ejecutar cada vez más tareas, la evaluación de riesgos, la toma de decisiones y la supervisión de los vuelos continúan siendo funciones esenciales de los operadores humanos.


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