Colapsa la nueva carretera Monterrey–Colombia durante su primer fin de semana de alta afluenciaEl episodio dejó en evidencia que la obra, presentada como insignia de la administración de Samuel García, no cuenta con los servicios mínimos ni la capacidad necesaria para asumir el flujo vehicular que se impulsó desde el propio gobierno. | AGENCIAS

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Colapsa la nueva carretera Monterrey–Colombia durante su primer fin de semana de alta afluencia

La vía promovida por el gobierno de Samuel García mostró graves fallas de planeación, falta de servicios básicos y caos vehicular que paralizó el cruce hacia Estados Unidos.

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COLOMBIA, NL.— Lo que el gobierno de Samuel García presentó como una obra estratégica para detonar el comercio y ofrecer una ruta más ágil hacia Estados Unidos terminó exhibiendo severas fallas de planeación y un colapso total durante su primer fin de semana de alta afluencia.

Tras una intensa campaña de difusión en redes sociales y mensajes oficiales, cientos de familias regiomontanas optaron por utilizar la nueva carretera hacia el Puerto Colombia. Sin embargo, al llegar se encontraron con una infraestructura insuficiente, condiciones precarias y una logística incapaz de soportar el flujo vehicular generado por la propia promoción gubernamental.

La vialidad —un tramo de varios kilómetros sin servicios básicos— carece de gasolineras, tiendas, puntos de auxilio y cualquier instalación que garantice un traslado seguro. Esta omisión provocó escenas de caos: decenas de vehículos quedaron varados por falta de combustible, mientras conductores buscaban apoyo en un corredor donde no existe ningún tipo de asistencia.

La situación se agravó al alcanzar el puente internacional. Con un número limitado de casetas, escasa capacidad operativa y una afluencia muy superior a la que puede atender, el cruce colapsó. Las filas se extendieron por kilómetros, generando largas esperas, tráfico detenido y un clima generalizado de frustración entre los usuarios.

Testimonios de familias que acudieron al lugar señalan la ausencia de autoridades estatales y federales para controlar el tránsito, canalizar vehículos o brindar apoyo. El resultado fue un flujo completamente paralizado y una experiencia que contrastó por completo con el discurso de eficiencia y modernidad promovido por la administración estatal.

El episodio dejó en evidencia que la obra, presentada como insignia del gobierno de Samuel García, no cuenta con los servicios mínimos ni la capacidad necesaria para atender la demanda que se impulsó desde el propio Estado.

El balance del fin de semana fue claro: colapso total en la carretera Monterrey–Colombia y en el Puente Colombia. La falta de servicios, la limitada operación de casetas, la alta afluencia y una planeación deficiente convirtieron el proyecto en un caos para miles de usuarios.

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